Bucea por KukupaPunda Productions

miércoles, 16 de mayo de 2012

Cap. 1x02

Faustino en su pueblo natal, Valdebárcena.



Era Faustino un hombre de fe y de lucha, como ya hemos podido ver en anteriores capítulos o versículos, según prefieran, pero tenía una duda profunda que atemorizábale y consumíale. Todas las noches, después de orar y recitar unos cuantos versos de José María Pemán, nuestro sin par personaje de inquebrantable fe y arraigados principios, ponía punto y final al día con una buena paja con la imagen del "Éxtasis de Santa Teresa". Aquella virtuosa imagen era muestra singular de entrega y fe. El rostro de Santa Teresa que inmortalizara Bernini, sugería a Faustino el ejemplo a seguir; admirábase y maravillábase contemplando aquel gesto que sin duda era puro, casto, tan incorrupto y virginal que no hallaba sino otra manera de vivir que la de Santa Teresa. Había leído todo lo relacionado con ella. Era su fetiche moral, pero también erótico, aunque él no lo quisiera reconocer. Incluso se había descargado por Megavideo todas las películas protagonizadas por esta santa, hasta aquel cortometraje dirigido por Lars Von Trier en el que se la puede ver practicando una felación a Jehová. Cine voyeur, lo llamarían.

El caso es que Faustino sufría en silencio su amor por Santa Teresa, y la escultura de Bernini desataba sus más ardientes deseos. Por un lado era símbolo de fe y entrega, pero por otro se le antojaba tan liviano, tan altivo, tan de deleite. Tan de deleite por la boca y por delante. Tan deleite en portugués leche, tan de francés y griego y latín y blowjob.


Como digo, era Faustino una persona arraigada y firme, de tradición y corrida de toros, de capilla y alzacuellos, que ni aún los más crueles acontecimientos que le pudiesen acaecer hacían mover sus costumbres y sus protocolos diarios. Y menos la machacada nocturna con el número 212 de la revista "Muy Historia" que guardaba bajo el colchón (por miedo a que se lo viesen sus educadores en la fe cristiana), y que contenía un reportaje del genial escultor napolitano antes citado. Al derramarse, solía consolarse Faustino con el decir típico de Maese Nicolás: "No solo de pan vive el hombre". Pero sabía que lo que le sucedía no era ni mucho menos normal.


Faustino se mataba a pajas con Santa Teresa y no solo por el halo de férrea entrega que desprendía aquella escultura magna del barroco italiano. También porque era un vicioso, y sabía de sus cuitas con el lado perverso y lujurioso y el dios Baco, y de sus pinitos por la habitación del Padre Ruipérez, y de sus paseos por los pasillos de la guardería de enfrente del seminario dónde cursaba teología y teleco. En fin, recordábase Faustino cada vez que emanaba su semen y rezaba del tirón 4 avemarías y 2 glorias como penitencia, la antológica frase escrita por Torcuato Luca de Tena en su inigualable obra "Los Renglones Torcidos de Dios", que decía que Dios escribía recto en renglones torcidos. Pero no se refería en ningún caso a que su masturbación fuese un acto que no solapara ni distorsionara en un ápice su fe y su fervor cristiano, puro y de tradición. Se refería más bien Faustino a su falo torcido cual mano de capitán Garfio.


Faustino era un seminarista, pero también jovenzuelo y febril, y frecuentaba la tasca de Padre Pitarra donde oía cosas muy subidas de tono en las conversaciones entre los Seminaristas mayores, a punto de graduarse, y que curiosamente gustaban de juntarse con los muchachitos de 7 u 8 años que entraban nuevos. También de vez en cuando soñaba promiscuas noches en las que escapaba con Santa Teresa y volaban en su alfombra mágica cantando "un mundo ideal"
http://www.youtube.com/watch?v=SuumL5lQBss. Incluso algunos días, cuando cerraba los ojos, sus sueños eran de orgasmos ciclópeos y clímax de infarto en una orgía cristiano-masona-calvinista-ortodoxa-griego-francesa http://enlaces.muyzorras.com/monjas-jugando-consoladores-katja-kassin-accion-10177.shtml.

Faustino era un hombre raudo y de principios inalterables, inescrutables. Pero también un poquito hombre a secas, más de morder la manzana y menos de Adán. A veces más de hijo pródigo que de Moisés. Más de Mourinho que de Guardiola. Más de Caín que de Abel. Y eso era lo que a Faustino le estaba mortificando.


Ni las maratonianas confesiones ni los interminables días de penitencia redimían esos incontenibles y subsconcientes pensamientos obscenos.


Algo en la fe de la sotana y la casta se estaba quebrando, algo en su profunda moral cristiana y devota olía a pescadilla, a flujos amargos, a cáliz nuevo y eterno y a pila bautismal.


Faustino se sentía como Jesucristo en aquel desierto donde tuvo que gemir -digo gritar- "Vade Retro, Satanás"...


Fdo: ANGIO

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